jueves 13 de enero de 2011

Una estrella en mi bús...

Tengo todos mis libros a los pies de la cama (o la gran parte, algunos ya estaban desde antes arriba del escritorio que yace enclenque al costado de la mencionada) a la cual me trepo encima para hacer toda clase de cosas; o me tiro, boca abajo, boca arriba, algunas acurrucada, y otras desplayada: a soñar, a pensar, a leer, a escribir y así podría seguir enumerando una variedad -obvia y no tan obvia- que sin terminar la cuenta bien podría decir yo que sufro y amo preferentemente en mi cama; y ostentosamente y del lado izquierdo, cuando estoy sola. La ventana abierta, la vida abierta, la Luna a una semana de estarse llena. Las estrellas que ayer vi ahora disimuladas por las luces de neón y este humo crepuscular que lanza a escupitajos la civilización y sus sinuosidades de esqueleto y espuma.

La vida es un misterio sutil oculto tras las repeticiones; y las rutinas -cuales corceles inanimados en la calesita de un dormido maquinista en su garita- son las únicas que, voluntariosamente, convencidos del artilugio de elegir, teniendo todo que ver con que se sucedan, casi regulares algo minuciosas, condensan en sus modos nuestras formas.
Ningún suceso se repite, repetimos la forma de vivirlos.
Salirse de unas o quitar el velo de las otras es una elección que hacemos, deconociéndolo totalmente, mucho antes, en los momentos que consideramos más íntimos y triviales -distraídos o anhelantes- en esos momentos que nos sentimos completamente estúpidos y estupidizádamente completos como para saltar de lado a lado el precipicio de la incertidumbre de nosotros mismos.


Somos tan necios, vanagloriamos empedernidamente nuestra incredulidad, siempre recelosos pero inconfesos de ser de carne y hueso. Tan renegados sin audacias, tan asténicos de catálogos y sudados repertorios.
Repletos de gases.
Repletos de ansias.
Vaciados de espacios que den tiempos exquisitos o reales o imposibles.
Tenemos tan equivocadas las medidas. Tan equivocados los sinónimos.
Hay gigantescas pequeñeces que a menudo no nos caben en el pecho e igualmente perseguimos furiosos y convulsos arrogantes menudencias; ya hartos de insignificantes grandilocuencias vamos coleccionando vastedades, panaceas, perpetuando al somnoliento edecán, al socio partener de la correa.
Tenemos tan equivocados los parámetros, las categorías, los estratos.
La moral anquilosada, su bien y el mal, los prejuicios, las sentencias, las conjeturas nos inundan; marabundean nauseabundas, resentidas envidiosas, siempre, ignorantes incompletas, siempre.
Amamantamos tantas equivocaciones como escapes mansedumbres.
Esquivos. Atornillados en la parafernalia del adornar fracasos aglutinamos en el pecho nuestras sienes, atracamos en la garganta los párpados que arden; las cefaleas cardíacas, en lo oscuro, altilladas, fluorescentes, nos desbastan.

A veces me pregunto cómo me leí tantas veces salteándome en cada capítulo que bien podría decir yo que sólo me dediqué a hallarme en mis propios aullidos, como si mirarme a la cara fuese sólo cuestión de buscarme los lunares o los poros alquitranados y confundirlos, intercalarlos, habituarlos a mí.
A esta temerosa niña caza reflejos, a esta mujer que arrastra todo aquello que no maldice ni perdona, y ni siquiera alcanza a complacerse de su tiranía ahogada -vacilando las causas como píldoras- oscilando entre cansancio o dignidad; o su cedida rebeldía, que no sabe si por ecuánime o por cautiva.
Inyectándose viejos y enajenados conflictos; reconociéndose desalambrándose abismándose, y luego, recién después, apoderándose de los nuevos, los propios... sí, los recién paridos, conflictos...

Hay noches como esta que se me da por decirlo todo, por callarlo todo, para pensar pausada sin pensar del todo; y entre pausa y pausa, sentir como reverbera mi sinceridad más calma, o tímida (o tal vez osada) esa, que sin necesidad de trepidar o ser abominable, purifica verdades, nacimientos de mis nacibundos de siempre o de nunca antes; Moribundea sequías obtusas y sus sobadas soberbias mal gastadas.

Hay Constelaciones, estrellas que no me quiero perder.
Sólo eso y todo eso necesitaba decir esta noche.
Hay una estrella encontrada que ahora baila en mi pulsera.
Titila Y yo Palpito.
La quiero abrazaR.

8 comentarios:

Javier F. Noya dijo...

Parece que la cama te inspira como a tu compatriota Onetti, de quien estoy releyendo "Juntacadáveres". Y la bella densidad de sus reflexiones también te han inspirado, pues no caben dudas de lo acertada de tu reflexión. Pero fermentan algunas cosas que darán brebajes de otro gusto: algo puede ir cambiando, me parece. Es mi esperanza, también. Besos y un placer volver a leerte.

Trenaluna dijo...

Javier! totalmente, algo puede ir cambiando, es mi esperanza, además y pensándolo bien lo imposible es justamente que no hayan cambios, lo importante es animarse a dar los giros necesarios para los cambios deseables...

PD: casi no leí a Onetti, lo que leí me gusta, son pendientes que ya llegarán, nunca me apuro con los libros así me llegan puntuales;)
beso!

Jorge ABEEL dijo...

Somos seres de servidumbre a lo material, a la vida, al deseo, al arte al todo y a la nada, no hay verdad evidente, no hay videntes, entrar en tu mar y reflexionar, siempre me hace ver que no poseo una genialidad interpretativa, no puedo seguirte en lo particular, busco interpretar el texto en un Todo esparcido, la estrella de gas se disipa, hay un poder organizador que orquesta todos los detalles en un orden incomprensible para la especie humana, solo con ver la perdida de tiempo que hemos hecho en esta breve historia, con todas y otras cuestiones negativas como bien mencionas como arraigadas en el proceder, la vida quizás sea un medio para los acróbatas, entre los átomos que se muerden, si hay verdad la hay en el corazón y no en los sujetos, a decir de León Felipe: Dios…gran pintor invisible.
Las estrellas como la poesía, como el amor son sistemas luminosos de señales, que siempre despiertan en nosotros interés por mil y una noche, no es una estrella un gran ojo cíclope, no es todo humano un gran ojo, hasta los libros tienen un mirar, y un que lo miren. Un libro dice, pero realmente fue dicho antes de todos los tiempos: Recordemos que nuestra verdadera naturaleza es el espíritu puro. Llevemos la conciencia de este espíritu a donde quiera que vayamos, liberemos suavemente nuestros deseos, y el universo manejará los detalles por nosotros. Yo digo que allí quizás es donde se avizora la esperanza, cuando abrazamos una estrella no es que nos abrazamos a nosotros mismos, en pasado, presente y futuro, solo pregunto. Un abrazo por el placer que dejas en tus letras. jorge

Trenaluna dijo...

Jorge;
todo abrazo que se siente desde el corazón es un abrazo a sí mismo sí pero porque se lo abraza a todo... al abrazar una estrella el universo nos sonríe dentro.
Quizá sea la única forma de abrazarse el abrazar verdaderamente a otro, no hay lejos ni cerca, como si siempre estuviese siendo ese abrazo...
Comparto lo de el poder orquestador de los detalles, comparto asimismo lo de liberar suavemente nuestros deseos porque creo, al igual que vos, que todo está flotando desde antes, desde todos los tiempos al unísono... así que hagámonos acróbatas pues y seamos el medio para la vida! brindo por eso!
Otro abrazo para vos!

GABU dijo...

Si mal no recuerdo el GRAN Leonardo Da Vinci,dijo alguna vez que... "No da marcha atrás quien está atado a una estrella" :)

Y vos tenès una capturada a tu pulso!!!

P.D.:"Tenemos tan equivocadas las medidas. Tan equivocados los sinónimos."
Serà que llegò la hora de dejar de practicar tanto empirismo... ¬¬?

BESOTONES REFULGENTES **

Trenaluna dijo...

Gabu!!! me gustó la frase me inyectaste una sonrisa ;)

Pd: no está capturada, baila...

besos mujer!

submarino dijo...

Con una idea se puede escribir una historia, o desarrollar una teoria.

Pero tu caso es especial, muchas ideas en poco espacio.

Esta el germen de gran parte del potencial que podrias desarrollar, a nivel literario y/o personal.

.

"Ningun suceso se repite, repetimos la forma de vivirlos", la frase es tremendamente cierta, esa trampa circular hay que evitarla.

cuando la mirada tiene demasiada memoria, no podemos ver/comprender lo nuevo, y como dice un amigo "siempre elegimos lo mismo".

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te felicito, una maravilla de texto.

Trenaluna dijo...

Gracias! me contagias del germen de las ganas! nada sucede ni nada hacemos suceder sin que hayan alrededor proliferadores del creerlo cierto, del creerlo hecho... gracias de nuevo...

y acerca de lo que dice tu amigo... por eso mismo hay que dudar de toda certeza y sus probabilidades para tomarle el gusto a lo incierto y sus posibilidades...

Un abrazo grande Sumba!