sábado 10 de septiembre de 2011

Montañas Ecuestres

Ayer vi recortado el horizonte en una noche matizada sutilmente. 
Cerros tímidamente encastrados 
que con los toboganes de sus curvas 
te deslizan a sus simas 
te calzan ludidamente en sus monturas ecuestres. 

Montes que empapelan la noche con sus planos yuxtapuestos 
y te sumergen 
adentrándote 
alegremente entre sus sienes.

Ayer jugaba a encrestar sus cúspides menudas 
para abanicar en el cosmos 
sus racimos de níveas luciérnagas desnudas. 
Sacudirle las estrellas derrochadas al antojo pero agavilladas ardidamente. 

Mientras recorría adormilada de belleza sus semillanuras 
la luna y su supremacía 
ya se habían quedado dormidas. 

Yo esta vez le gané la partida agradecida  
de no dormirme 
para mejor perderme 
y espiarla entre las verdecidas rendijas de las hierbas.  


Y me desvelé. Y así fue como instante después, me develé impaciente.

Y en ese desvelo bucanero, avalentonada, verbalicé ¿y que hay de tus monturas?
Y ya no me hizo falta que propusieras concurrir. Ya no me fue menester reconocer definida la forma, ni la precisión del espesor de tu huella, ni me era imperioso poseer -cual colofón- la exactitud de tu silueta ocupando mi sombra sobre el heno.
Emprendí la embarcación costeando a capricho tu cuerpo entero. 
Tracé tus brazos, delineando éstos a su vez un ángulo para ajustar las palmas como almohadas etéreas. Esbocé una rodilla tuya, alzada, con crecidos aires de montaña; adivina ésta, ya se apremia, sabe que escalar es una apuesta que duplica mi destreza.
Mi mano amaga con enternecida entereza, aunque osada partener comprenda la  sutil sugerencia, retada y sosegada, comienza la empinada proveyéndose otra puerta. Enhestada tu mano, atinado el centro de tu palma, sólo dos dedos míos ruedan aventurándose a recorrer la semillanura de tu brazo erguido, sólo dos dedos míos que saben hacer la diferencia: se adelantan, se acompasan, se retrasan y se sublevan, rehacen el litigio o se dan permiso, suavizándose con ligerezas en tus formas.
Caen las yemas levitando al ras por la vertiente, y emprendo, al mismo tiempo, la escalada que nos había quedado gozosamente pendiente. Mis dedos se ahíncan a encontrarse por la cornisa longitudinal del perímetro de tu cuerpo; topados ya, tu abdomen se vuelve cuenca, tu espalda se deja ser cóncava  y aprovecho para  huir a recorrer la escollera peninsular de tu torso anverso. Mientras, con la otra mano a la vez dibujo un meridiano, una comisura imaginaria de tu cintura adivinada; al llegar al ombligo diseño un pentagrama, guiño un círculo, y te sonrío con audacia. Cierras los  ojos, sonríes petulante, en la espera sostenido y rebozado de paciencia.
Desenvuelto reaparece mi índice por tu hombro impertinente, le adivino, le pondero, su punto estratégico cuando descubro hallado en él un insinuado puente que promete en la cruzada un camino directo al epicentro bifurcado de tu cuerpo…  
Se dejan mis dedos mecerse en ese pequeño arco, vacilan, decidida desciendo el trayecto de la flecha. Rebordeo, cual péndulo me apresuro de regreso, trepo por el trapecio de tu cuello y desembarco antes de merecer el idílico acceso al indicio de tu boca. La subida para mí es agua fresca, convoco más yemas para escrutar así tus labios bien de cerca, para no perderme ni un milímetro de su trama suave y tersa.
Simulan éstos una exigua abertura cual pericarpio que se abre rebosado de simientes, pretenden, incautar disimulados a la presa de repente. La garganta se contrae, tus labios superpuestos se refrescan, pero aún ni parpadeas. Mis senos en un vibrar muy hondo se inflaman en sus vértices, mi pelo se amanece en cada movimiento -acompaña cascadamente- y eclipsados te despistan de reconocerles anteladamente ardientes. 
Sigo, respeto por detrás los arabescos de tu oreja, sigo, voy ladeando el otro lado, pretendo acabalar así el acertijo que sobre tu cuerpo se bosqueja. Desciendo acentuando una escalera, rodeo tus costillas una a una, las indago, las sondeo, las enhebro.
Dejo caer una mirada de soslayo, ya presiento un inclinado gesto, un rostro que gira de costado armándose de nuevo; conteniéndose en algún intento. Escolto con mis ojos más a prisa la mano que sube por un friso tu entrepierna. Perfilada cada loma, revoltosas, son linternas. Entrecierras los ojos, las adviertes indiscretas. Mis dedos  crueles zigzaguean, fisgan inquisitivos, son inquietos,  pero a la vez, diestros, minuciosos; semilentos.
Inmóvil mantienes la apuesta,  yo entonces, la redoblo; sincronizo ambas manos y a la inversa. 
Me apodero de cada pierna, de cada esquina, de cada subterránea sensación secreta. 
Primero tus muslos en un pausado segundo se contraen, luego se alivian y se aflojan y se dejan caer tendidos como plumas. Recelo su soltura en ese instante, lamento no ser pluma y resuelta te converso: 


-qué no daría yo por caer liviana en tu montura y en el vaivén entramarte con corvetas de jinete…
   
Tus ojos aún gobiernan, tus pies en cambio, ya tensos, piden silentes clemencia. 
Tus manos que antes yacían abnegadas y necias, ahora, ya titubean con ademanes candentes muecas. 
Pero mi mirada aún, no está satisfecha, pretende tu piel trépida, tus manos apresuradas, y desterrada tu conciencia. 
Tu ojos comienzan a develarse llenos, tus manos, más sinceras, ya no se sujetan. 
Aflora en mí la impaciencia, y mi mirada revela iridiscente, que era ya vencida mucho antes de inducirme deseosa, en la traviesa y deliciosa, travesía de la espera…

4 comentarios:

GABU dijo...

Cómo una es capaz de inspirarse por demás en estas nochecitas tan cálidas enmarcadas en la tersura pálida de una luna suculentamente híper llenísima!!! :P:P:P:P:P:

P.D.:Y qué decir de los desvelos,de ellos pueden surgir ideas traviesas por cumplir... ;)

BESITOS IMPACIENTES ;-)

Trenaluna dijo...

Gabu! ya veo que te inspiran! mirála frase que te mandaste!

besos mujer! y que nunca nos falten los estímulos para dejarnos inspirar!

jorge Abeel dijo...

Trenaluna))Hermosa manera de acariciar y susurrarle al universo, con esa vitalidad, yo me sentía tocado, hacer el amor, y no olvidar la cúspide del tobogán celeste, fuerza que se nos entrega como regalo, como fiesta de orgullo y goce… que no soy bueno en sensibilidades, pero cuando yo veo los ojos de ella, por encima de mis brazos que son de tierra, y el placer allí me sacude, como infinitos volcanes, sudo como siempre pienso que lo hacen los mares, con naves y aves, pero a sus ojos de cielo siempre llego, como hace la tierra cuando ve en el cielo un ángel. Siempre te lo repito, envidio esa cosecha de palabras que tienes en tu jardín, flores que no existen en cualquier ser, pero cuando armas los ramilletes, no hay billetes que los puedan comprar, se entregan a una mirada, que a la fragancia sepan acariciar. Te deseo un buen día. PD. Ya te he mandado todo tipo de pedido, tu comentario ha quedado a medias, no encuentro la foto que citas, ayúdame una vez vuelvas de la campiña. Vale. jorge

Trenaluna dijo...

Gracias Jorge, lo que dices, hace que valga lo escrito;
qué otra cosa pudiera hacer valer más a las palabras que éstas se adentren y se vuelvan maleables en lo por otro vivido!

Sí, buscaré el enlace para enviártelo, es verdad, no me he olvidado ;)

Un abrazo!